¡EL REINO DE DIOS CRECE
SILENCIOSAMENTE!
Hoy el hombre se
encuentra desanimado,
frente a sus propios proyectos que fueron muy ambiciosos, y frente a esta sociedad que ha dejado a Dios, por
todo el adelanto tecnológico y científico pensando que solucionaría sus
problemas que lo afectan…. Pareciera que todo está perdido, es allí donde el reino
de Dios irrumpe silenciosamente, donde Jesús nos habla en parábolas sobre el reino
de Dios, y no del reino del mundo que no quiere contar con Dios, utilizando en
sus dos parábolas la palabra “semilla”, que lleva una fuerza intrínseca de Dios,
que nada se opondrá a su germinación, crecimiento….
La primera parábola, subraya el
protagonismo de Dios
en la semilla que le da una fuerza intrínseca, que hace que germine, tenga
tallo… y el terreno, que es fértil,
donde germinará la semilla; en el fondo es la acción que Dios que realiza
silenciosamente; no es obra de hombre alguno, por más doctor o buen predicador
que sea; pues es el Señor que hace crecer. Esto también se da en la iglesia y
en nuestra vida, cuando el hombre realiza una actividad, movido por el amor, o
la ilusión o algún interés, la eficacia de ese trabajo crece notablemente, como
dice San Pablo, uno es el que siembra, otro es el que riega, otro es el que
abona, pero que en el fondo es Dios quien hace crecer y dar mucho fruto. Así,
la semilla del Reino va germinando, creciendo y dará abundantes frutos, secretamente
dentro de cada uno de nosotros, pues es obra de Dios.
Esta parábola es también un llamado a la paciencia. No podemos decepcionarnos o
impacientarnos en nuestro crecimiento espiritual, o trabajo pastoral, ya que
queremos tener rápidamente la cosecha, es decir tener éxitos, llenar estadios,
llenar templos… El Señor lo va haciendo, y
va podando dónde y cuándo sea necesario, no podemos apurar la cosecha,
es decir buscar rápidamente éxitos. Dios es el que conduce y espera el momento
de la cosecha como buen Labrador.
La segunda parábola del Reino de Dios es como una semilla de mostaza, que es la más pequeña de todas las semillas,
significa la pequeña comunidad de discípulos, que Dios cuenta con ellos, ante
la opresión y la persecución de los romanos, es una muestra de cómo Dios la hace germinar y
crecer, llegando hacer la más grande transformando todo un imperio. Hoy también
la Iglesia es pequeña pero sigue creciendo cada vez más y albergando a todas
las naciones que abrazan la fe en Cristo Jesús. Es obra de Dios.
Pbro. Salvador Carrasco C.
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